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La lavadora de Zora

Autor: Lluis Romero Tartaj, filósofo y autor de diferentes ensayos sobre África.

Acabo de volver de Marruecos, allí he estado en los mismos sitios que conocí hace casi nueve años y donde he vuelto desde entonces cada pocos meses. Alegra comprobar que el actual monarca se preocupa un poco más por el Rif de lo que jamás hizo su padre, el anterior monarca, lo podemos constatar, por ejemplo, en la carretera nueva de Ceuta a Tetuán y poco más, pero algo se ve. Ese poco más pasa inadvertido para el turista, que no accede a la zona rural de la provincia. No lo hace por falta de infraestructuras decentes, las pistas son de tierra y cuando llueve muchas se vuelven impracticables. No lo hace por falta de información sobre el terreno y la desinformación de las guías viajeras.


Pues bien, en esta zona rural por fin está llegando la electricidad, importante esfuerzo dada la complejidad de la ordenación del territorio, todo son aldeas y casas dispersas por cualquier lado, muchas sin accesos (solo senda para animales y personas). La noticia en principio te alegra porque sabes/supones que eso les va a aumentar la calidad de vida. ¿Por qué?, al principio solo ponen las bombillas para alumbrarse por la noche (la noche del campesino es corta, ya que vive con la luz del sol y no tiene hábitos de ocio nocturno, tampoco sabe leer en la mayoría de las ocasiones, el analfabetismo en Marruecos ronda el 60% y es mayor en el mundo rural) y dos enchufes, a saber, para el televisor y para recargar el teléfono móvil. La televisión irrumpe con fuerza y es el bien de consumo más estimado, junto con la parabólica permite a la gente de la región conectarse a decenas de emisoras en árabe y otros idiomas, aquí la televisión cumple la función uniformadora y embrutecedora que cumple en nuestro mundo, pero también les llega información que hasta hace poco solo imaginaban o ignoraban, desde formas de vida de gente rica hasta las modas, pasando por la política internacional y el consumo desaforado que promueve la publicidad. El teléfono móvil ha supuesto la revolución de las comunicaciones en el Sur en general y en Marruecos en particular, sorprende ver a una anciana campesina sacarse de entre las ropas (abundantes hasta en verano) un teléfono de última generación y ponerse a hablar en medio de las montañas rifeñas, donde ponen el único acento tecnológico (apenas hay coches, tractores, máquinas…).Hasta aquí parece más o menos hemos progresado, nos hemos desarrollado.


Una de las cosas que más impactaba a los recién llegados a las aldeas de la montaña era la suciedad de las ropas de los niños que les hacía parecer más pobres de lo que son en realidad, la explicación es simple. A pesar de que los musulmanes son un colectivo muy consciente de la higiene desde tiempos del profeta (es necesario realizar abluciones antes del rezo y este se realiza cinco veces al día) se hace prácticamente imposible lavar la ropa a menudo si tenemos en cuenta los miembros de la unidad familiar (Zora y Abdelhalak tienen catorce hijos y no son excepcionales en la región), la escasez de agua y la dificultad de acarreo de la misma, y por último el apretado horario de la mujer que prácticamente no para en todo el día y es quien se encarga de esta tarea. Ahora empiezan todos a tener bombas eléctricas para extraer el agua con comodidad, esto ha hecho que ahora veas a los niños con ropas limpias… pero también ha disparado el consumo de agua, ya que ahora utilizan mucha más agua para los usos cotidianos tales como el fregadero de la vajilla, la higiene personal… También se ha disparado el consumo de energía, antes apenas gastaban, casi exclusivamente el gas de las bombonas para cocinar y para iluminar, aunque solo tenían una lámpara para toda la casa. Es innegable el aumento de la calidad de vida aparejado al uso de energía, aunque es fácil ver también la rapidez del deterioro del medio que ha permitido esta situación. Están abriéndose nuevos pozos a todo meter, ya que la extracción actual es muy superior y secan los pozos rapidamente, la basura que empezaba a ser preocupante, se dispara con el actual consumo y orla de plásticos, las casas y las aldeas y los campesinos se ven abocados cada vez más a una agricultura de renta, en este caso peligrosa, pues hablamos de cannabis, para poder pagar con dinero la energía que utilizan (por cierto, es ingenioso como han resuelto el cobro de la luz, a no disponer de cuentas bancarias, las gentes de la zona han creado contadores y tarjetas prepago como en los móviles).


Zora me ha pedido que mire de llevarles una lavadora de segunda mano, y como es normal, me ha parecido que la lavadora es el inventazo para las mujeres (no soy sexista, solo constato que quien se encarga de la ropa son las mujeres) y que era lo más normal del mundo que esta mujer deseara tener una. Luego me ha venido a la cabeza el famoso adagio ese de que si todos los chinos tuviesen lavadora acabábamos las reservas de agua potable en poco tiempo. Me dio por pensar que si los ciudadanos del Sur empezaban a desarrollarse así contribuirían a la preocupante huida hacia delante que estamos viviendo, que iban a contribuir al cambio climático, que iban a encarecer la oferta de un bien cada vez mas escaso y costoso como es la energía (hoy por hoy basada en un recurso no renovable como los hidrocarburos)… De seguir pensando llegabas a la conclusión que era una barbaridad el desarrollo que estamos impulsando aunque, ¿Quién de nosotros no tiene lavadora?, ¿y coche?, ¿cuánta ropa tenemos?…


Es evidente que es insostenible nuestra forma de vida y que no hacemos nada para cambiar. No estamos legitimados moralmente para impedir que los demás simplemente hagan lo mismo que nosotros y resulta cínico que hagamos estudios de sostenibilidad en los proyectos cuando todo lo que nos rodea es insostenible, hasta el consumo de las personas que denunciamos la actual situación ¿Cuántos de nosotros tenemos una alimentación basada en productos exclusivamente agroecológicos?, ¿Cuántos usamos los transportes públicos?, ¿Cuántos seriamos capaces de vivir con un solo mundo?


Nuestros desvelos, nuestro trabajo y nuestra lucha no tienen sentido si no empezamos por nosotros mismos y somos nosotros, los ciudadanos del mundo rico, quienes tenemos la capacidad, al oportunidad y la posibilidad de cambiar las cosas.


Por cierto, ¿le llevo la lavadora o me quito la mía?

Tags: testimonios, cooperación al desarrollo, comunidades